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Provincia: vivir con déficits heredados

Acusado por sus propios partidarios de seguir a pie juntillas la política “neoliberal” del macrismo, el gobierno de Gustavo Bordet (FpV-PJ) ha salido a blanquear el déficit presupuestario que heredó de su antecesor en el cargo, Sergio Urribarri (FpV).

A los entrerrianos deberían importarles menos las disputas en el oficialismo provincial (peronismo-kirchnerismo-massismo) –finalmente una pelea de políticos en el poder- que la situación financiera del Estado provincial, de la que depende el bienestar de los ciudadanos.

Por eso el interés público que cobran los dichos de Edgardo Kueider, secretario general de la Gobernación de Entre Ríos, y que recoge Página Política.

Según la crónica, Bordet le ha encomendado a su hombre de confianza que salga a explicarles a los militantes de su partido por qué no está en condiciones de hacer una oposición política más dura al gobierno de Mauricio Macri.

Y la razón es bastante obvia y pedestre: el gobierno peronista de Entre Ríos no puede pagar los sueldos a fin de mes sin el auxilio constante de la Casa Rosada.

“La provincia sigue siendo deficitaria. Tenemos un déficit de 600 millones (de pesos) mensuales. Esto es lo que nos falta todos los meses para cerrar los números”, describió Kueider.

Ante este cuadro, dijo, “no tenemos muchas opciones para salvar esto en términos financieros: lo hacemos pidiendo adelantos de la coparticipación, recurriendo a endeudamiento externo a la menor tasa posible. Esto último tratamos de evitarlo al máximo, como la emisión de Letras”.

En esencia, el alto funcionario reconoce que la situación financiera de la provincia es delicada, ya que vive de dos pulmotores: los adelantos de coparticipación del gobierno nacional  y el endeudamiento con el sistema financiero.

En este contexto se entiende que el Estado provincial deficitario apenas logre pagar los sueldos con lo que le ingresa. “Cada 100 pesos que ingresan al Estado provincial, 95 van a la masa salarial”, describió el funcionario.

Kueider razona que una política de shock orientada a equilibrar las finanzas provinciales (que los gastos se ajusten a los ingresos) implicaría echar gente del Estado.

Al respecto remarcó: “Para poner en caja todo, tendrías que cerrar todo, echar a todo el funcionariado y echar al 15 por ciento de los empleados. Nada de eso venimos haciendo”.

El dato significativo de la explicación del funcionario es que esta dependencia financiera del Estado provincial con respecto a la billetera de la Casa Rosada viene de lejos.

“Antes también se iba a golpear las puertas del gobierno nacional para llegar a fin de mes, la diferencia es que antes gobernaba el mismo partido y ahora es otro”, se sinceró Kueider, al tiempo que afirmó: “Antes se le pedía a Cristina o a Kicillof, y ahora nosotros le tenemos que pedir a Macri y nos dicen amarillos, traidor, etc.”.

A todo esto, quien acaba también de blanquear la herencia provincial recibida es el diputado nacional Juan José Bahillo (PJ-FpV), que en declaraciones públicas pidió hacer una “autocrítica respecto a quienes hasta el 10 de diciembre de 2015 fueron autoridades nacionales”.

Al respecto, Bahillo afirmó: “Parte de la situación en que Bordet encontró la provincia tiene que ver con las autoridades nacionales que no permitieron dejar la provincia en mejor posición financiera y económica porque no le transfirieron los fondos a Urribarri”.

 

© El Día de Gualeguaychú

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Publicado por en 28/03/2018 en Uncategorized

 

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El nombre que tienen los distintos gobiernos

El sufijo “cracia” (procedente del griego “krátos”) indica fuerza, autoridad, dominación, gobierno. Es usado en palabras compuestas como democracia, y su aplicación da una idea de la realidad variopinta del poder.

Por lo pronto este sufijo está relacionado otros de su tipo como “arca” (jefe, gobernante): monarca, jerarca, patriarca, oligarca; también con el sufijo “arquía” (gobierno, poder): jerarquía, autarquía, anarquía, monarquía; o con “crata” (partidario de un gobierno): demócrata, aristócrata, ácrata, etc.

Un grupo de palabras formadas a partir de la terminación “cracia” ofrece no sólo una muestra de la capacidad del lenguaje para designar la realidad, sino que en este caso ilustra sobre las múltiples formas en que se manifiestan el dominio y el poder.

Desde la filosofía política algunos términos son antiguos. “Democracia”, por caso, supone en esencia el mando del “demos” (pueblo), y “aristocracia” (literalmente, “el poder de los mejores”) implica que gobierna una minoría capacitada.

Esto está conectado con otro término, “meritocracia” (proveniente del latín “merĭtum”, que significa debida recompensa), una forma de gobierno basada en el mérito (los mejores), y en términos más generales, se refiere a la discriminación positiva por méritos.

En tanto la ciencia política llama “plutocracia” (del griego “ploutos”: riqueza)  al régimen político en el cual la toma de decisiones se hace a favor de los que ostentan las fuentes de riqueza.

La “timocracia” (la palabra griega “timé” significa honor) es una forma de gobierno basado en la búsqueda del honor. Se llama “oclocracia” (del griego “ochlos” que significa “turba” o “multitud”) al gobierno de la plebe, es decir, de la clase social más empobrecida y marginada.

La “teocracia” (“theós” en griego significa dios) es un régimen donde el poder está en manos de una élite formada por los sacerdotes y religiosos, en tanto que  “tecnocracia” (arte o técnica) significa literalmente gobierno de los técnicos o especialistas.

Últimamente se ha puesto de moda el término “patocracia” (“pathos” en griego significa sentimiento, dolor, sufrimiento) y designa una forma totalitaria de gobierno en la cual el poder político está en manos de una élite psicopática.

Mientras la “cleptocracia” (donde” kleptes” significa ladrón) supone la institucionalización de la corrupción y del robo en beneficio de los gobernantes, la “autocracia” es el régimen político en el que una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación.

Se utiliza en forma despectiva, en tanto, la palabra “dedocracia”, práctica consistente en nombrar a alguien para un cargo de manera arbitraria y por pura decisión personal.

En el plano del género, al gobierno de los hombres sobre la mujer en la vida social y política se le llama “falocracia” (falo se refiere al órgano sexual masculino); en contraposición “ginecocracia” (del griego “gynae”, “gynaikós”: mujer) refiere al gobierno de las mujeres.

También existe el dominio de una determinada edad biológica. Así se habla de “gerontocracia” para referirse al dominio ejercido por los ancianos, “efebocracia” al gobierno de los jóvenes, y “paidocracia” al gobierno y tiranía de los niños.

Las clases sociales también dominan. Así el término “mesocracia” (de la voz griega “mesos”: medio) describe el poder, la influencia o el gobierno de la clase medias.

En cuanto a los medios de comunicación se llama “telecracia” a la hegemonía que ejerce la televisión en la opinión pública.

 

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 19/03/2018 en Uncategorized

 

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La provincia, entre dos costas

¿UNA FRACTURA QUE DESAFÍA LA IDEA DE LA INTEGRACIÓN ENTRERRIANA?

La provincia, entre dos costas

Entre Ríos aparece dividida en dos grandes zonas: la costa del Paraná y la costa del Uruguay. Una separación que no sólo es geográfica sino sociopolítica, y que hunde su raíz en la historia.

Por Marcelo Lorenzo

 

Alguna vez la política entrerriana estuvo preocupada por “integrar las costas”, sugiriéndose con ello la existencia de una fractura social y económica al interior de la provincia, cuya consecuencia más grave es que ha venido marcando desigual estatus de ciudadanía.

Se cuenta que esta asimetría desvelaba, por caso, al dirigente de Gualeguaychú Ricardo “Patín” Irigoyen, quien fuera electo gobernador de Entre Ríos en 1962, pero cuya asunción al cargo fue frustrada por el golpe militar que derrocó al entonces presidente Arturo Frondizi.

En realidad se visualizaba entonces un triple problema. Porque Entre Ríos tiene una “costa” interna que es la del río Gualeguay, tal vez el área más deprimida en término de desarrollo comparado respecto de las otras dos cuencas: la del río Uruguay y la del río Paraná.

En el mapa provincial sobresale un curso de agua interior que virtualmente parte en dos a la geografía entrerriana. Se trata del río Gualeguay que surca la comarca de Francisco Ramírez por el medio, de Norte a Sur, a lo largo de 300 kilómetros en forma casi paralela al meridiano 59.

Siempre fue un límite, una demarcación física contundente que condicionó la organización política del territorio, provocando que la actividad humana de esta región fuera distinta, tuviera diferente ritmo, según se estuviera de uno u otro lado del Gualeguay.

Otro elemento geográfico en la zona centro-norte profundizó la separación: el manto arbóreo conocido como “monte o selva del Montiel”, un medio forestal que dio abrigo y alimento a los desplazados (por ejemplo los aborígenes) por las dinámicas civilizadoras de las dos costas principales.

Se diría que la historia del hombre de esta provincia se enmarcó dentro de estas peculiaridades geográficas, indicadores nunca neutrales o indiferentes cuando hubo que decidir el poblamiento del territorio.

Aún hoy es factible reconocer que la provincia de Entre Ríos sigue siendo pensada o representada en dos grandes regiones, la costa del río Paraná y la costa del río Uruguay, porque es sobre estas dos vías fluviales donde más oportunidades de desarrollo de actividades económicas y progreso se generan y, por ello, donde la gente mayormente confluye para vivir.

Los estudios económicos dan cuenta que el sector más dinámico desde el punto de vista productivo ha sido históricamente la costa del río Uruguay, donde abundan industrias y producciones de peso y donde la innovación de su población ha sido su característica (pensemos por caso que el boom del turismo regional nació en ciudades como Colón y Gualeguaychú).

Un escalón más abajo estaría la costa del río Paraná, donde no obstante la condición de la ciudad de Paraná como capital provincial ha hecho que graviten allí los extraordinarios recursos de la burocracia.

La región centro-norte de Entre Ríos (Feliciano y Federal, por caso) aparece como la más deprimida, incluso con indicadores de involución, en relación con las dinámicas socioeconómicas de los litorales del Uruguay y del Paraná.

De hecho ha sido una constante de las últimas décadas el despoblamiento creciente de los municipios de la zona centro –migración motivada por búsqueda de mayores oportunidades– a favor de las costas litoraleñas.

 

UNA FRACTURA QUE SE REMONTA A LOS ORÍGENES

Pero a poco que uno se interna en el pasado de Entre Ríos cae en la cuenta que la división en dos costas está en los orígenes histórico-políticos de la provincia. La profesora Silvia Razzetto, en diálogo con este diario, explicó que en realidad se remonta al período colonial.

“Desde el punto de vista de la organización poblacional que hicieron los españoles, tras su llegada a estas tierras, la costa del Paraná fue dependiente del cabildo de Santa Fe, en tanto que la costa del Uruguay aparece subordinada directamente a las autoridades de Buenos Aires”, explicó.

Según la entrevistada, eso significa que desde el inicio, es decir desde los albores del domino español, nace una neta separación, de fuerte contenido político, en términos de rivalidad y que involucró al fundador de pueblos Tomás de Rocamora.

Una división, dijo, que se prolongará en el transcurso del tiempo durante el período de la conformación del Estado entrerriano. Y que alcanzó su clímax de tensión con ocasión de la disputa por el asiento de la capital de la provincia, que se resolvió finalmente a favor de la costa del Paraná, aunque dejando una estela de rencor y frustración en la costa del Uruguay.

Razzetto recordó que el territorio entrerriano aparece en la historia ligado inicialmente al santafecino, al punto de remontarse a las actas de la ciudad fundada en 1573 por Juan de Garay.

“Cuando se funda Santa Fe de la Vera Cruz, se establece su área de control. Y ese control llegaba, en esta región, hasta los ríos Gualeguay y Nogoyá. Cuando hablamos de control nos referimos a los ‘alcaldes de hermandad’ y a los comisionados que se enviaban para hacer los relevamientos de la situación de las estancias que estaban en la zona”, relató.

Las cosas cambiaron a fines del siglo XVIII, cuando el Cabildo de Buenos Aires empieza a tener injerencia en esta región, a partir de la decisión virreinal de garantizar la frontera norte ante la amenaza lusitana.

“Ahí comienza una dinámica de poblamiento de la zona de la costa del Uruguay. El cabildo de Buenos Aires empieza a otorgar permisos para habitar la región y para hacer uso y control sobre los recursos del lugar (leña, cal, arena, piedras, ganado), todo eso que se necesitaba para el desarrollo de ese cabildo”, explicó Razzetto.

En 1782  el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo aprobó la propuesta de Tomás de Rocamora y reunió en un solo mando político-militar las jurisdicciones de Gualeguay, Gualeguaychú y Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay), junto con las de Nogoyá y La Bajada (hoy Paraná), con un jefe residente en Gualeguay.

Así se formalizó el “Partido General de Entre Ríos”, quedando esta región dentro de la intendencia de Buenos Aires. Pero esto introduce una rivalidad con el Cabildo de Santa Fe, que protestó por la inclusión de Nogoyá y La Bajada, las cuales volvieron a la jurisdicción santafecina.

 

RAZONES DE LA RIVALIDAD

Razzetto explicó algunos factores y antecedentes históricos que fueron cimentando la separación entre la costa del Paraná y la costa del Uruguay. Sucintamente son los que siguen:

 

-La cuestión capital: Provincias como Santa Fe, Tucumán o Corrientes organizaron su territorio desde una ciudad que fue cabecera de la antigua colonización. Desde ese centro se fue ampliando el radio de control, incorporándose pueblos y villas a un diseño político e institucional forjado desde esa capital. Por eso cada una de esas provincias lleva el nombre de la ciudad cabecera. No fue ese el caso de Entre Ríos, porque desde su origen una parte del territorio dependió de Santa Fe y otra parte de Buenos Aires. A eso se sumó que aquí los pueblos cultivaron un fuerte localismo, lo que incentivaba disputas entre ellos, algo que se expresó en forma patente con la discusión histórica por la sede de la capital provincial. Detrás de esta discusión subyacía una pelea para determinar por dónde pasaría el eje de poder territorial y político de Entre Ríos, si por la costa del Paraná o la del Uruguay.

 

-El liderazgo de Concepción del Uruguay: La llamada “capital histórica” de Entre Ríos –como ha sido reconocida recientemente– ha vivido como un despojo el hecho de que Paraná le haya arrebatado la condición de capital provincial, según dispuso la Constitución provincial de 1883, y confirmado luego en las posteriores reformas de la Carta Magna. Ocurre que Concepción del Uruguay ya desde la época de Tomás de Rocamora –su fundador– gravitó decididamente en la formación de la entrerrianía. Mientras la zona de la Bajada del Paraná se mantuvo bajo la órbita de Santa Fe, fue Arroyo de la China la comandancia militar más importante alrededor de la cual se articuló el Partido de Entre Ríos, junto a Gualeguay y Gualeguaychú. Cuando estalló la Revolución de Mayo, el primer bando del gobierno patrio fue recibido en esa plaza militar, cuyo comandante general era don José de Urquiza (padre de Justo José). Cuando en 1814 se produjo la creación “formal” de la provincia de Entre Ríos, por disposición del director Gervasio Posadas, se estableció que la Villa de Concepción del Uruguay fuera la capital del nuevo Estado. En tanto en 1820, uno de sus hijos, Francisco Ramírez, la declaró capital de la “República de Entre Ríos”, una construcción política del Supremo Entrerriano que incluía las actuales provincias de Corrientes y Misiones.

 

-La puja con Paraná: Con la derrota del caudillo federal Ramírez, a manos del santafecino Estanislao López, el poder pasa a Paraná. En efecto, el gobernador Lucio N. Mansilla (apoyado por López), dividió en 1822 la provincia en dos grandes sectores: el Departamento Principal Nº1 del Paraná y el Departamento Principal Nº2 del Uruguay. Y entonces la villa de Paraná fue designada capital de toda la provincia, residiendo en ella el gobierno general. El ascenso de Justo José de Urquiza marca otra vez la supremacía de Concepción del Uruguay. Tras la batalla de  Caseros, el hombre fuerte del país es este caudillo oriundo de Concepción del Uruguay, quien emprendió la organización nacional bajo el sistema republicano y federal, con la sanción de la Constitución de 1853. Como Buenos Aires no se integró a la Confederación Argentina, el territorio entrerriano fue federalizado en 1854, convirtiéndose Paraná en sede del gobierno federal, y siendo elegido Urquiza como primer presidente constitucional. Luego, en 1958, se desfederaliza Entre Ríos, pasando Justo José de Urquiza a ser gobernador provincial, y fijando la capital nuevamente en Concepción del Uruguay. En tanto Paraná permanece por un tiempo como capital provisoria de la Confederación. En 1861, por un decreto del gobernador Urquiza, Paraná es reincorporada a la provincia. Por otro lado, no es un dato menor señalar que mientras Urquiza tuvo poder lo ejerció mayormente desde el Palacio San José, su residencia privada situada a pocos kilómetros de Concepción. La muerte del caudillo entrerriano (como antes la de Francisco Ramírez) marcó finalmente la pérdida de hegemonía de Concepción del Uruguay.

 

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Publicado por en 01/01/2018 en Uncategorized

 

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Corrupción, un mal que daña a los pobres

Hoy (9 de diciembre) se celebra en todo el mundo el Día Internacional contra la Corrupción, una fecha establecida por las Naciones Unidas (ONU) para prevenir y luchar contra uno de los males de la sociedad global.

El objetivo principal se orienta a promover mensajes, campañas y acciones que resalten la importancia de prevenir y luchar contra este flagelo a nivel internacional.

“Unidos contra la corrupción para el desarrollo, la paz y la seguridad”, reza la campaña 2017 de la ONU, para significar que se está frente a un delito grave que frena el desarrollo económico y social.

“La corrupción existe en países tanto ricos como pobres, y los hechos demuestran que daña a los pobres de manera desproporcionada. Contribuye a la inestabilidad, a la pobreza y es un factor dominante que lleva a países frágiles al fracaso estatal”, sostiene el organismo mundial.

También alerta que cada año se paga 1 billón de dólares en sobornos y se calcula que se roban 2,6 billones de dólares anuales mediante la corrupción, suma que equivale a más del 5% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial.

Se calcula que en los países en desarrollo se pierde, debido a la corrupción, una cantidad de dinero diez veces mayor que la dedicada a la asistencia oficial para el desarrollo. La corrupción está íntimamente ligada al atraso porque las ingentes sumas de dinero hurtadas por funcionarios deshonestos de todos los niveles administrativos son recursos que no se aplican a la sociedad.

La corrupción, en esencia, es un impuesto a los pobres ya que el dinero público que se sustrae indebidamente de las arcas del Estado, para beneficiar a algunos, supone menos educación, salud, vivienda digna, agua y cloaca, para los sectores más desfavorecidos socialmente.

Hay que aclarar que no hay regímenes políticos donde no existan hechos de corrupción, y esto trasciende las culturas y las geografías. El problema es cuando estas anomalías, en lugar de ser excepcionales, se vuelven sistemáticas o devienen en cultura política dominante.

Es decir, hay que distinguir entre la corrupción como excepción y la corrupción como regla. Una cosa es que uno o más funcionaros hayan “metido la mano en la lata”, y otra es que todo el gobierno sea una asociación armada para delinquir.

“Cleptocracia”, así se denomina a los regímenes políticos corruptos. El término proviene del griego, en donde ‘kleptes’ significa “ladrón” y ‘cratos’ puede entenderse como “poder” o “gobierno”.

A decir verdad en Argentina –-y acaso en América Latina– pululan los cleptócratas y tienden a consolidarse elencos gobernantes con manifiesta propensión al hurto, al amasado de grandes fortunas a expensas de los dineros públicos.

A poco que se observa el fenómeno, se cae en la cuenta que en estas pampas hay una amplia tolerancia social a la corrupción. Mientras la economía trae mejoras, es algo que no importa, al menos a amplias franjas de la población. La indignación moral sobreviene tras incomodidades materiales.

Cuando la corrupción se generaliza se advierte, entonces, una suerte de “anomia”, es decir, de descomposición global, de ausencia de normas éticas y jurídicas e, incluso , de referencias morales para la conducta, de modo que las personas ya no distinguen lo lícito de lo ilícito, lo bueno de lo malo.

Esta confusión total de valores, hace que la corrupción se expanda en forma de metástasis sobre el tejido social, convirtiéndose en un verdadero cáncer colectivo.

 

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Publicado por en 26/12/2017 en Uncategorized

 

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En la Argentina se abre una nueva etapa

El resultado electoral del domingo pasado, en el cual la coalición Cambiemos, con una victoria superior al 40% en todo el país, logró despejar el fantasma de la falta de gobernabilidad, inaugurando así una nueva etapa política.

Ocurre que desde que Mauricio Macri llegó al poder en diciembre de 2015 se instaló la duda dramática acerca de cómo haría un gobierno no peronista para llevar adelante un ajuste macroeconómico y no morir en el intento, es decir sin complicar sus chances de superar las elecciones de medio término (legislativas).

Así verbalizó esta encrucijada el politólogo Andrés Malamud en febrero de este año: “El futuro de este Gobierno no es reelección o no reelección. Es duración o no duración. Si Cambiemos no gana las elecciones intermedias, tiene muy poca probabilidad de terminar su mandato”.

En un país normal un traspié en las elecciones legislativas no afecta de ningún modo la gobernabilidad, salvo en Argentina donde la experiencia indica que los presidentes no peronistas no suelen terminan en tiempo y forma su mandato.

El dato político es que desde hace dos años se viene fantaseando sobre si Macri será capaz de romper este maleficio histórico. De hecho durante este tiempo sectores opositores extremistas asociados alentaron la “solución helicóptero”, una interrupción abrupta del gobierno, similar a la “huida” que protagonizó el radical Fernando de la Rúa durante la crisis de 2001.

Ya en las primarias de agosto (PASO) esta hipótesis de crisis institucional (de raíz profundamente antidemocrática y en esencia fascista) se desbarató ante la buena performance electoral del oficialismo.

Pero el gobierno debía lograr que ese desempeño en las urnas se hiciera efectivo el domingo último, cuando se jugó en serio el partido electoral, para despejar definitivamente el fantasma de la caída prematura de la coalición Cambiemos.

La primera conclusión que hay que sacar de los comicios es que la gobernabilidad está asegurada y que ahora se abre una etapa nueva a partir de que Mauricio Macri no será sólo el primer mandatario no peronista –el último fue Hipólito Irigoyen- que completará su mandato.

Este ascenso político emergente del macrismo (que conquistó ya el poder real de la Argentina) es inversamente proporcional al descenso de sus adversarios peronistas, la mayoría de cuyos principales referentes territoriales (gobernadores) acaban de sufrir derrotas electorales inéditas.

Desde esta columna, tras las elecciones de las PASO, donde había ganado claramente la polarización política en todo el país, ya anticipábamos lo que iba a ocurrir este domingo.

Decíamos entonces: “En octubre el país parece encaminarse así a elegir entre Macri y Kirchner, nombres que expresan dos modelos de país, dos liderazgos, dos culturas políticas antagónicas. Es la opción que estuvo presente en los comicios de fines de 2015, y la que ahora retorna con fuerza”.

Esta vez Cristina Kirchner perdió en la provincia de Buenos Aires (quedó cuatro puntos por debajo de Esteban Bullrich, el candidato a senador de Cambiemos) pero paradójicamente se consolidó como la líder peronista más votada del país.

Con la elección del domingo, según coinciden la mayoría de los analistas, ya se largó la carrera presidencial para el 2019. Es casi seguro que el presidente Macri quiera ir por otros cuatro años.

¿Pero quién competirá contra él? ¿Será Cristina Kirchner, la dirigente más carismática del peronismo y que ha emergido como la líder de la oposición más votada del país?

 

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Publicado por en 27/10/2017 en Uncategorized

 

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Lo que empieza a jugarse en las PASO

<<< editorial del domingo 13 de agosto >>>

Las llamadas elecciones de medio término (legislativas) están cargadas de morbo político en Argentina cuando el gobierno no es de signo peronista. Un traspié electoral en esta instancia, a juzgar por el pasado, le puede constar su permanencia en el poder.

En el país se vota cada dos años por expresa disposición constitucional para la renovación parcial de las cámaras legislativas nacionales. A estas elecciones generales se les suma el régimen de “primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias” (PASO).

Formalmente las PASO, que se realizan hoy, constituyen una etapa de selección de candidatos de las distintas fuerzas, y esto con vistas a la elección legislativa propiamente dicha que tendrá lugar el 22 de octubre próximo.

Los analistas políticos coinciden en señalar que las primarias de hoy darán una pista sobre el humor del electorado. Sus resultados dibujarán la tendencia de los votantes de cara a las elecciones de medio término reales.

Ahora bien, desde el regreso de la democracia en 1983, el resultado de estas elecciones legislativas permitió desentrañar cuál podría ser el destino del circunstancial ocupante de la Casa Rosada.

En realidad merodea un maleficio: los presidentes no peronistas, Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, perdieron las llamadas elecciones “de medio término”, lo que los condujo a una progresiva pérdida de poder político, al punto de tener que terminar sus mandatos antes de tiempo.

Con estos antecedentes se entiende la opinión dominante de quienes siguen de cerca esta elección, viendo en ella una prueba de fuego que determinará el éxito o fracaso del proyecto político, social y económico que proponen Mauricio Macri y Cambiemos.

Como si las presidenciales de 2019 se pusieran en juego ya en 2017. Así piensa, por ejemplo, el politólogo Andrés Malamud, para quien en las elecciones intermedias de hoy se define el porvenir del gobierno de Macri.

“El futuro de este Gobierno no es reelección o no reelección. Es duración o no duración. Si Cambiemos no gana las elecciones intermedias, tiene muy poca probabilidad de terminar su mandato”, dijo Malamud en febrero de este año.

Otros analistas matizan estas previsiones apocalípticas para el oficialismo recordando que tras perder sus últimas dos elecciones de mitad de término, el Frente para la Victoria (FpV) obtuvo 54% en las presidenciales de 2011 y 49% en el ballotage de 2015, sin tener que irse antes de tiempo del poder.

Quienes fueron los ganadores de las legislativas de 2009 (De Narváez) y 2013 (Sergio Massa), no pudieron repetir el éxito dos años más tarde, en las elecciones presidenciales.

Uno de los principales focos de atención de estas elecciones será la provincia de Buenos Aires, el distrito con mayor cantidad de electores y número de representantes en el Congreso, y donde, según analistas, se juega “la madre de todas las batallas”.

A partir de este domingo, con las PASO, Argentina empieza a recorrer el camino para definir su décima elección nacional de medio término desde el retorno de la democracia. Desde el punto de vista institucional, es una buena noticia que el ciudadano pueda elegir libremente qué desea para Argentina.

Por lo demás, la política democrática de un país es directamente proporcional a la idiosincrasia de sus habitantes, a cómo piensan y valoran. Entre los criterios de elaboración del voto prima la ideología o concepción del mundo.

Desde esta óptica los ciudadanos de un país, al encumbrar a determinados representantes, están expresando su escala de valores, aquello que desean y encaja dentro de sus expectativas éticas.

 

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Publicado por en 15/08/2017 en Uncategorized

 

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Venezuela, ¿está en curso una guerra civil?

Cuando personas de un mismo país, polarizadas por ejes políticos contrarios, se enfrentan bélicamente, se habla de guerra civil. ¿Es ésa la situación que hoy vive Venezuela?

Las protestas antigubernamentales contra el régimen que encabeza Nicolás Maduro, exponente del “socialismo del siglo XXI”, han ido in crescendo en los últimos meses, dejando un saldo lamentable de cientos de muertos.

¿Pero estos episodios permiten afirmar ya la existencia de una guerra civil en el país caribeño? La expresión acaba de ser usada por el Secretario General de la OEA, el uruguayo Luis Almagro.

“La guerra civil  de las fuerzas represivas del Estado ejecutada contra personas desarmadas es la realidad del pueblo venezolano”, describió Almagro, para quien el régimen de Maduro ha devenido en una dictadura.

Quienes refutan la hipótesis de guerra civil en Venezuela alegan que el oficialismo tiene todas las armas en su poder, y frente a él no se opone una fuerza militar organizada similar, sino más bien grupos de civiles que protestan contra un régimen autoritario.

Por tanto, si no hay dos bandos armados que combaten entre sí, no se puede hablar de guerra. Habría así, una asimetría de los contendores, al tiempo que la violencia sistemática provendría desde arriba, desde el poder militarizado del madurismo, sobre una población civil que resiste en las calles a través de manifestaciones pacíficas.

Desde aquí se dice que los fusiles están todos en manos de instancias policiales, militares y paramilitares leales al autoproclamado socialismo del siglo XXI, que habría entrado en una fase represiva ante el ocaso que vive el país.

Sin embargo, Maduro denuncia reiteradamente la aparición de fuerzas armadas, estructuradas y financiadas por la “derecha” local e internacional. En su visión de las cosas, Venezuela, no su gobierno, es atacada por elementos internos y externos, que pretenden hacer naufragar la “revolución bolivariana”.

La prensa internacional, a todo esto, se viene preguntando si Venezuela ya entró en una conflagración fratricida o en realidad está a las puertas de que ello suceda. En la página web del grupo multimedia alemán Deutsche Welle, en su versión para América Latina, se analizó recientemente el tópico.

Allí se cita la opinión de Javier Corrales, profesor de Ciencias Políticas en el Amherst College de Massachusetts, quien alega sin titubeos que la Revolución Bolivariana ha trocado en una dictadura.

Corrales admite que el riesgo de una guerra civil es real, pero confía en que la oposición seguirá rechazando el uso sistemático de la violencia “para no caer en esa trampa”.

Por su parte Claudia Zilla, de la Fundación Ciencia y Política (SWP), de Berlín, realiza este diagnóstico: “Yo me he abstenido conscientemente de usar el término ‘guerra civil’ en mis publicaciones sobre Venezuela, no sólo porque me parece sensacionalista, sino también porque tiene un halo de profecía autocumplida: hablar de guerra civil es como conjurarla”.

Y añade: “Lo que vemos en Venezuela es una espiral de violencia ascendente porque, como se intensifica la represión estatal, también se intensifica la respuesta. Las agresiones se han vuelto más cruentas y sus blancos, más definidos”.

Por otro lado, en declaraciones a la agencia EFE, el exjefe de contrainteligencia militar del régimen chavista Hugo Carvajal, admitió que la situación en Venezuela está fuera de control y el país está a “las puertas de una guerra civil” en la que podrían “perder todos”.

 

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Publicado por en 04/08/2017 en Uncategorized

 

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