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Nicaragua al borde de una guerra civil

Los enfrentamientos iniciados en abril de este año entre el gobierno izquierdista de Daniel Ortega y sectores opositores al régimen ya han dejado más de 350 muertos, en el marco de una escalada de violencia que no para.

Sobre estas protestas que estremecen a Nicaragua, se acaban de conocer duros cuestionamientos contra la acción represiva del gobierno sandinista por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

De acuerdo con el documento, la investigación del organismo concluyó que “hubo graves violaciones de derechos humanos durante un mes de represión de protestas en Nicaragua, caracterizadas por el uso excesivo de la fuerza por parte de cuerpos de seguridad del Estado y el uso de la violencia por parte de terceros armados”.

La CIDH documentó varios centenares de muertos y heridos, y registró numerosas denuncias de “detenciones ilegales y arbitrarias, prácticas de tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes; censura y ataques contra la prensa; y otras forma de amedrentamiento”.

El gobierno de Nicaragua ha negado su responsabilidad en los hechos violentos y lo atribuye a la acción de grupos y “vándalos de derecha”.

De manera general, las calles de Nicaragua han sido, desde el triunfo de la revolución en 1979, monopolio del oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSNL), un régimen alineado con la izquierda latinoamericana.

Pero desde abril de este año ese poder ha sido desafiado a través de un verdadero alzamiento popular que pide la renuncia de Ortega y el llamado urgente a nuevas elecciones.

Muchos analistas internacionales coinciden en señalar que lo que ocurre en Nicaragua es un calco de lo acaecido en Venezuela. Los paralelismos entre ambos casos abundan.

Como en Venezuela en 2017, los universitarios son la punta de lanza de las protestas en Nicaragua en 2018. Los estudiantes, en efecto, lideran las manifestaciones contra el régimen Ortega, otro de los presidentes del llamado “socialismo del siglo XXI”.

En la represión de las manifestaciones de 2017 era habitual que participaran miembros de los colectivos chavistas que se movían en motocicletas. Este modelo lo está aplicando el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua.

A todo esto el presidente venezolano, Nicolás Maduro, aseguró que las protestas en Nicaragua son una “emboscada” de grupos violentos contra el gobierno de su homólogo y aliado, Daniel Ortega.

Maduro comparó los hechos que ocurren en Nicaragua con los que ha vivido Venezuela, haciendo un paralelismo entre los episodios de protestas que derivaron en violencia y que provocaron decenas de muertos, heridos y detenidos.
“Como le hicieron daño a los venezolanos, le están haciendo daño a Nicaragua, violencia, incendio, balas, muertos, y el gobierno de Nicaragua es un gobierno cristiano, que quiere la paz, la armonía y estoy seguro que la va a lograr”, agregó.

Los opositores al populismo latinoamericano, por su lado, denuncian que tanto el régimen chavista como el sandinista han empobrecido a sus países y no han dudado en erosionar la pluralidad de sus sistemas políticos, ya sea minando las competencias de la oposición, recortando el papel de sus respectivas asambleas legislativas o amordazando a la prensa. Hablan, directamente, de un quiebre del orden democrático en Venezuela y Nicaragua.

Los observadores internacionales sostienen que si no se detiene la ola de violencia y enfrentamiento en Nicaragua, ese país centroamericano podría encaminarse a una guerra civil.

 

© El Día de Gualeguaychú

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Publicado por en 18/07/2018 en Uncategorized

 

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San Martín y Belgrano querían una monarquía

Poco se recuerda que nuestros dos grandes próceres, mientras se discutió la forma de gobierno en el Congreso de Tucumán de 1816, eran partidarios de una monarquía constitucional.

En los años siguientes a la Revolución de 1810, la cuestión del sistema de gobierno que se adoptaría fue de crucial importancia.

A partir de 1815, el proceso independentista americano entró en una encrucijada. La indefinición por la que atravesaban las fuerzas militares criollas en todo el continente, coincidió con la restauración monárquica en Europa tras la derrota del proyecto napoleónico.

La ola reaccionaria europea desplazó del centro de la escena, en esta parte del mundo, a los republicanos inspirados en Mariano Moreno, representante del jacobinismo criollo.

Una vez declarada formalmente la independencia el 9 de julio de 1816 y en el seno del Congreso de Tucumán, los debates posteriores giraron en torno a la forma de gobierno que debía adoptar el nuevo Estado.

Casi todos los congresales estaban de acuerdo en que, para salvar la revolución, había que consolidar el orden y la unidad en todos los aspectos. Pero para conseguir esos objetivos existían dos opciones: la forma republicana y federal, o la monárquica constitucional.

Resulta que la segunda alternativa era apoyada por los dos grandes próceres de la patria argentina, San Martín y Belgrano, quienes sostenían la necesidad de establecer una monarquía temperada o constitucional al estilo de Inglaterra.

Y esto porque ambos creían acabadamente que nuestro territorio aún no estaba listo para constituirse en un sistema democrático como lo habían hecho los Estados Unidos.

Ambos patriotas consideraban que la figura del rey sería un principio de unidad política del nuevo Estado. Este argumento a favor de la estabilidad política fue justamente el que esgrimió  Manuel Belgrano, ante el Congreso de Tucumán, al sugerir la conveniencia de instaurar aquí una monarquía constitucional encabezada por un rey inca.

Esta iniciativa, que en nuestros colegios se menciona como una suerte de “delirio”, revelaba la preocupación del prócer por garantizar el orden y el funcionamiento del antiguo virreinato. Se anticipaba así Belgrano a evitar la anarquía que luego azotaría a estos pueblos que nacían a la experiencia del gobierno propio.

Se sabe que San Martín era partidario de un gobierno monárquico fuerte y centralizado, porque él creía que los americanos eran muy díscolos para aceptar jefes americanos a no ser que se proclamaran reyes o emperadores y contaran con el apoyo de las potencias de Europa (Inglaterra y Francia, enemigas de España).

La simple lectura de la correspondencia mantenida con su amigo, el diputado por Mendoza Tomás Godoy Cruz, refleja que el Libertador influyó en el Congreso de Tucumán contra la postura republicana.

“Me muero –dice– cada vez que oigo hablar de federación, ¿no sería más conveniente trasplantar la Capital a otro punto, cortando por este medio las justas quejas de las provincias? ¡Pero, federación! ¡Y puede verificarse! Si un gobierno constituido y en un país ilustrado, poblado, artista, agricultor y comerciante, se ha tocado en la última guerra entre los ingleses (hablo de los americanos del norte) las dificultades de una federación, ¿qué será de nosotros que carecemos de esas ventajas?”.

Y en otra carta de 1819 San Martín insiste en que “una gran monarquía no será fácil de consolidar, una gran república, imposible”.

 

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 15/07/2018 en Uncategorized

 

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El histórico triunfo de la izquierda mexicana

El veterano líder de la izquierda política y social de México, Andrés Manuel López Obrador, ha triunfado de manera clara en las elecciones presidenciales de este domingo (1 de julio), rompiendo así una hegemonía de más de 70 años de los partidos del centro y la derecha.

En la nación de habla hispana más grande del continente, con 120 millones de habitantes, y que el último tiempo ha venido siendo noticia por el recrudecimiento de la delincuencia organizada asociada a los barones de la droga, acaba de producirse un tsunami político, según algunos observadores internacionales.

El giro tiene que ver con el hecho de que López Obrador es el primer presidente elegido habiendo sido postulado por un movimiento de izquierda y que gobernará con esa plataforma.

La victoria del candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia” pone fin, así, a un modelo de gobierno que prevalecía por lo menos desde 1988, producto de una especie de alianza de facto entre el tradicional Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el conservador Partido Acción Nacional (PAN).

López Obrador se presenta a sí mismo como un luchador social que empezó su carrera en comunidades indígenas en el sureste del país. Sus partidarios dicen que con él ondea la bandera del cambio y la revolución social, por primera vez en México.

Sus adversarios lo catalogan de “populista bolivariano” que simpatiza con el modelo chavista de Venezuela y lo sitúan entre los políticos continentales que no han disimulado su admiración por Fidel Castro y el Che Guevara.

Mientras el mundo de las empresas y las finanzas mira con desconfianza la orientación económica del nuevo presidente, muchas personas de clase media creen que las políticas de López Obrador serán similares a las del fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez.

Algunos analistas internacionales refieren que el triunfo de la izquierda mexicana es producto del “Efecto Trump”, en relación a que el actual presidente de Estados Unidos, con su insistencia de cerrar el paso a la inmigración mexicana, ha logrado radicalizar el sentimiento anti-norteamericano en el país.

Habría reactivado el patriotismo al Sur del Río Grande, donde anida el  recuerdo del lamento del patriota que un día exclamó aquello de “Pobre México, cuán lejos de Dios y qué cerca de los Estados Unidos”.

Más allá de las especulaciones acerca de la orientación real que tomará el nuevo gobierno de López Obrador, que objetivamente ha concitado la esperanza de millones de mexicanos, los cierto es que deberá enfrentar varios retos.

Las dudas económicas pasan por cómo hará para cumplir con sus bases electorales, a las que ha prometido redistribución de la riqueza, sin comprometer las finanzas pública del país, muy dependiente éstas de la plata de los inversores extranjeros.

El nuevo presidente debe enfrentar, por otro lado, la epidemia de corrupción en México, que ha llegado a tal punto que pone en riesgo la supervivencia misma del Estado, ante la crisis de legitimidad y la desconfianza que tienen los mexicanos en sus instituciones de gobierno.

El otro gran problema es la violencia en un país aquejado por las bandas de narcos. Según los reportes, México atraviesa el momento más sangriento de su historia. En 2017 se cometieron 25.339 homicidios dolosos, lo que significa 70 muertes por día.

A todo esto, más de 100 candidatos han sido asesinados durante la última campaña electoral.

 

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 15/07/2018 en Uncategorized

 

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Ante otro escenario económico y político

(editorial publicado el domingo 10 de junio)

Los poderes de la globalización, expresados por el FMI, le han concedido un mega-empréstito al gobierno de Mauricio Macri, en un gesto de apoyo internacional inédito de gran impacto.

El anuncio del otorgamiento de 50.000 millones de dólares, para que el gobierno continúe con el programa de gradualismo fiscal (recorte progresivo del gasto público), ha sido una sorpresa por la magnitud del crédito (es bastante más que los 30.000 millones con que se especulaba al comienzo).

Las lecturas sobre este acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) son disímiles, según donde cada quien se pare políticamente. La oposición peronista-kirchnerista, como era esperable, salió a repudiarlo apelando a la retórica nacionalista de que se ha consumado una nueva “entrega” del país.

En realidad el modelo económico instaurado en 2016, dirigido a convertir a la Argentina en un jugador más de la globalización, ha sido juzgado por la oposición como “neoliberal y extranjerizante”.

Ahora hace idéntica lectura ante el hecho de que los poderes de esa misma globalización pasaron de las palabras de apoyo a los hechos, garantizándole al gobierno de Macri los dólares que blindan lo que queda de su gestión.

Como se sabe el modelo en curso, cuyo programa fiscal gradualista de recorte del gasto público venía siendo financiado en el mercado voluntario de crédito, encontró su primer escollo serio en mayo de este año por el retiro de los inversores, en un contexto de encarecimiento del dólar a nivel global.

Las turbulencias que debió enfrentar el mercado de capitales en mayo, con abrupta devaluación incluida, hizo sospechar que Argentina se dirigía a una crisis sistémica. El escenario envalentonó a la oposición peronista-kirchnerista, que agitó entonces los fantasmas del 2001, imaginando una entrega anticipada del poder de Macri.

Ese diagnóstico apocalíptico tenía cierto sustento, ya que Argentina adolece estructuralmente de divisas (necesita más dólares de los que produce).

Si el mercado dejaba de financiar el programa macroeconómico del gobierno (cubriendo el faltante de divisas), era probable que éste pudiera caer al enfrentar un eventual hundimiento de la economía, hiperinflación mediante.

El gobierno acudió entonces a la billetera de los países con los cuales ha venido cultivando buenas relaciones desde que asumió en 2015 (Estados Unidos, Alemania, Japón, China, etc.). Y de allí salió justamente el apoyo financiero expresado en el crédito stand by por 36 meses concedido por el FMI.

Básicamente, ese dinero viene a sustituir al mercado voluntario de deuda, que en mayo le bajó el pulgar a la estrategia gradualista del gobierno argentino. Lo que antes venía por colocaciones de bonos, ahora vendrá vía crédito del organismo multilateral, en tasas de interés mucho más accesibles (varían entre 1,96% y 4,96%).

Para algunos analistas, de esta manera el gobierno de Macri aleja cualquier hipótesis de crisis sistémica, vía golpe externo de los mercados, aunque ahora tendrá que lidiar con los efectos recesivos inducidos por la minicrisis cambiaria de mayo (alta tasa de interés que el Banco Central debió instrumentar para defender al peso).

Por otro lado, el acuerdo con el FMI lleva implícito un reacomodamiento de las metas de reducción del déficit fiscal (déficit de 2,7% para este año; 1,3% en 2019; equilibrio fiscal primario en 2020; superávit de 0,5% en 2021).

También se pactan nuevas metas de inflación: 17% para 2019; 13% para 2020 y 9% para 2021.

 

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 15/06/2018 en Uncategorized

 

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Qué pasó durante la Semana de Mayo de 1810

A partir de hoy (18 de mayo) comenzamos a recordar la llamada Semana de Mayo, ocurrida entre el 18 y el 25 de mayo de 1810, en que una serie de eventos políticos dieron inicio al proceso de surgimiento del Estado Argentino.

Si bien la Revolución de Mayo se conmemora el día 25 de este mes, la gesta no es de un día. Más bien fue el corolario de una serie de hechos revolucionarios concentrados en lo que dura una semana, en la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, dependiente del rey de España.

La Semana de Mayo, el punto inicial de un proceso independentista que llevaría su tiempo pero se concretaría seis años después, el 9 de julio de 1816, comenzó el 18 y concluyó el 25.

La historia se desencadenó a partir de la invasión francesa de España, cuyo rey Fernando VII fue depuesto y su lugar fue ocupado por el francés José Bonaparte.

El virreinato español del Río de la Plata era gobernado por el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien alarmado por las noticias que llegaban de España, le pidió al pueblo a través de una proclama que se mantuviera fiel al rey de España.

Eso ocurrió el 18 de mayo, cuando Cisneros hizo leer por los pregoneros (porque la mayoría de la población no sabía ni leer ni escribir) una proclama que comenzaba diciendo: “A los leales y generosos pueblos del virreinato de Buenos Aires”.

El virrey advertía que “en el desgraciado caso de una total pérdida de la península, y falta del Supremo Gobierno” él asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la Capital y todo el virreinato y se pondría de acuerdo con los otros virreyes de América para crear una Regencia Americana en representación de Fernando VII.

Un grupo de criollos, que aspiraba a la autonomía política, analizó la coyuntura política como favorable a sus intenciones. Fue entonces que el 19 de mayo reclamó la organización sin ningún tipo de trabas de un Cabildo Abierto para tratar la situación y analizar los pasos a seguir.

Al otro día, el 20 de mayo, el virrey Cisneros recibió a funcionarios del Cabildo, jefes militares y criollos, con quienes trató la convocatoria del Cabildo Abierto. El 21 de mayo ese Cabildo tomó forma y anunció que se reuniría al día siguiente y que necesitaba contar con el apoyo de los principales vecinos.

Fue así que el 22 de mayo, tras largas largos discursos y más extensas discusiones, las autoridades del Cabildo decidieron que era tiempo de que el virrey abandonara el poder.

Pero el 23 de mayo el Cabildo formó una Junta de Gobierno y puso a Cisneros como presidente, decisión que no fue bien recibida por los demás.

El 24 de mayo, cundió el malestar en las calles de Buenos Aires por la reposición de Cisneros. Se protestó hasta conseguir la renuncia de todos los miembros de la Junta.

Fue así que el 25 de mayo los criollos, reunidos en la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo) esperaron las novedades del día al grito de: “El pueblo quiere saber de qué se trata”.

Ese viernes, hace 208 años, los cabildantes reconocieron la autoridad de la Junta Revolucionaria y formaron de esta manera el primer gobierno patrio.

La Primera Junta de gobierno fue conformada de este modo: Cornelio Saavedra (presidente); Juan José Paso y Mariano Moreno (secretarios); Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea (vocales).

 

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Publicado por en 08/06/2018 en Uncategorized

 

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Provincia: vivir con déficits heredados

Acusado por sus propios partidarios de seguir a pie juntillas la política “neoliberal” del macrismo, el gobierno de Gustavo Bordet (FpV-PJ) ha salido a blanquear el déficit presupuestario que heredó de su antecesor en el cargo, Sergio Urribarri (FpV).

A los entrerrianos deberían importarles menos las disputas en el oficialismo provincial (peronismo-kirchnerismo-massismo) –finalmente una pelea de políticos en el poder- que la situación financiera del Estado provincial, de la que depende el bienestar de los ciudadanos.

Por eso el interés público que cobran los dichos de Edgardo Kueider, secretario general de la Gobernación de Entre Ríos, y que recoge Página Política.

Según la crónica, Bordet le ha encomendado a su hombre de confianza que salga a explicarles a los militantes de su partido por qué no está en condiciones de hacer una oposición política más dura al gobierno de Mauricio Macri.

Y la razón es bastante obvia y pedestre: el gobierno peronista de Entre Ríos no puede pagar los sueldos a fin de mes sin el auxilio constante de la Casa Rosada.

“La provincia sigue siendo deficitaria. Tenemos un déficit de 600 millones (de pesos) mensuales. Esto es lo que nos falta todos los meses para cerrar los números”, describió Kueider.

Ante este cuadro, dijo, “no tenemos muchas opciones para salvar esto en términos financieros: lo hacemos pidiendo adelantos de la coparticipación, recurriendo a endeudamiento externo a la menor tasa posible. Esto último tratamos de evitarlo al máximo, como la emisión de Letras”.

En esencia, el alto funcionario reconoce que la situación financiera de la provincia es delicada, ya que vive de dos pulmotores: los adelantos de coparticipación del gobierno nacional  y el endeudamiento con el sistema financiero.

En este contexto se entiende que el Estado provincial deficitario apenas logre pagar los sueldos con lo que le ingresa. “Cada 100 pesos que ingresan al Estado provincial, 95 van a la masa salarial”, describió el funcionario.

Kueider razona que una política de shock orientada a equilibrar las finanzas provinciales (que los gastos se ajusten a los ingresos) implicaría echar gente del Estado.

Al respecto remarcó: “Para poner en caja todo, tendrías que cerrar todo, echar a todo el funcionariado y echar al 15 por ciento de los empleados. Nada de eso venimos haciendo”.

El dato significativo de la explicación del funcionario es que esta dependencia financiera del Estado provincial con respecto a la billetera de la Casa Rosada viene de lejos.

“Antes también se iba a golpear las puertas del gobierno nacional para llegar a fin de mes, la diferencia es que antes gobernaba el mismo partido y ahora es otro”, se sinceró Kueider, al tiempo que afirmó: “Antes se le pedía a Cristina o a Kicillof, y ahora nosotros le tenemos que pedir a Macri y nos dicen amarillos, traidor, etc.”.

A todo esto, quien acaba también de blanquear la herencia provincial recibida es el diputado nacional Juan José Bahillo (PJ-FpV), que en declaraciones públicas pidió hacer una “autocrítica respecto a quienes hasta el 10 de diciembre de 2015 fueron autoridades nacionales”.

Al respecto, Bahillo afirmó: “Parte de la situación en que Bordet encontró la provincia tiene que ver con las autoridades nacionales que no permitieron dejar la provincia en mejor posición financiera y económica porque no le transfirieron los fondos a Urribarri”.

 

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Publicado por en 28/03/2018 en Uncategorized

 

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El nombre que tienen los distintos gobiernos

El sufijo “cracia” (procedente del griego “krátos”) indica fuerza, autoridad, dominación, gobierno. Es usado en palabras compuestas como democracia, y su aplicación da una idea de la realidad variopinta del poder.

Por lo pronto este sufijo está relacionado otros de su tipo como “arca” (jefe, gobernante): monarca, jerarca, patriarca, oligarca; también con el sufijo “arquía” (gobierno, poder): jerarquía, autarquía, anarquía, monarquía; o con “crata” (partidario de un gobierno): demócrata, aristócrata, ácrata, etc.

Un grupo de palabras formadas a partir de la terminación “cracia” ofrece no sólo una muestra de la capacidad del lenguaje para designar la realidad, sino que en este caso ilustra sobre las múltiples formas en que se manifiestan el dominio y el poder.

Desde la filosofía política algunos términos son antiguos. “Democracia”, por caso, supone en esencia el mando del “demos” (pueblo), y “aristocracia” (literalmente, “el poder de los mejores”) implica que gobierna una minoría capacitada.

Esto está conectado con otro término, “meritocracia” (proveniente del latín “merĭtum”, que significa debida recompensa), una forma de gobierno basada en el mérito (los mejores), y en términos más generales, se refiere a la discriminación positiva por méritos.

En tanto la ciencia política llama “plutocracia” (del griego “ploutos”: riqueza)  al régimen político en el cual la toma de decisiones se hace a favor de los que ostentan las fuentes de riqueza.

La “timocracia” (la palabra griega “timé” significa honor) es una forma de gobierno basado en la búsqueda del honor. Se llama “oclocracia” (del griego “ochlos” que significa “turba” o “multitud”) al gobierno de la plebe, es decir, de la clase social más empobrecida y marginada.

La “teocracia” (“theós” en griego significa dios) es un régimen donde el poder está en manos de una élite formada por los sacerdotes y religiosos, en tanto que  “tecnocracia” (arte o técnica) significa literalmente gobierno de los técnicos o especialistas.

Últimamente se ha puesto de moda el término “patocracia” (“pathos” en griego significa sentimiento, dolor, sufrimiento) y designa una forma totalitaria de gobierno en la cual el poder político está en manos de una élite psicopática.

Mientras la “cleptocracia” (donde” kleptes” significa ladrón) supone la institucionalización de la corrupción y del robo en beneficio de los gobernantes, la “autocracia” es el régimen político en el que una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación.

Se utiliza en forma despectiva, en tanto, la palabra “dedocracia”, práctica consistente en nombrar a alguien para un cargo de manera arbitraria y por pura decisión personal.

En el plano del género, al gobierno de los hombres sobre la mujer en la vida social y política se le llama “falocracia” (falo se refiere al órgano sexual masculino); en contraposición “ginecocracia” (del griego “gynae”, “gynaikós”: mujer) refiere al gobierno de las mujeres.

También existe el dominio de una determinada edad biológica. Así se habla de “gerontocracia” para referirse al dominio ejercido por los ancianos, “efebocracia” al gobierno de los jóvenes, y “paidocracia” al gobierno y tiranía de los niños.

Las clases sociales también dominan. Así el término “mesocracia” (de la voz griega “mesos”: medio) describe el poder, la influencia o el gobierno de la clase medias.

En cuanto a los medios de comunicación se llama “telecracia” a la hegemonía que ejerce la televisión en la opinión pública.

 

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Publicado por en 19/03/2018 en Uncategorized

 

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