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La novedad histórica del pluralismo político

Por la evolución dialéctica de la historia las sociedades occidentales han dejado de ser homogéneas ideológicamente para pasar a ser heterogéneas. Esta diversidad cada vez mayor ha inaugurado el pluralismo, que consiste en vivir juntos en la diferencia y con la diferencia.

Como ha escrito el politólogo italiano Giovanni Sartori, el establecimiento de un modelo político que se asienta sobre la diversidad de ideas que compiten libremente es un hecho histórico novedoso.

El pluralismo, dice, “presupone una disposición tolerante y, estructuralmente, asociaciones voluntarias ‘no impuestas’, afiliaciones múltiples, y, también, líneas de división, transversales y entrecruzadas”.

Según Sartori, “las comunidades del pasado -desde la polis griega hasta las comunidades puritanas- no tenían estas características, más bien lo contrario. Recuérdese además que estas características se han desplegado, hasta ahora, sólo en el mundo occidental y occidentalizado”.

El modelo de poder autoritario, de un jefe o monarca que baja línea a los súbditos, era propio de la sociedad tradicional, como la que existía en la Edad Media, cuya nota distintiva era la homogeneidad ideológica.

El ejercicio del poder era muy simple: uno mandaba y los otros obedecían. Pero esto era posible porque la clase subalterna, los súbditos, habían internalizado la ideología del régimen.

Los sistemas políticos totalitarios de la modernidad (nazismo, comunismo y fascismo) intentaron idéntica cohesión social, aunque no imponiendo una religión sino una ideología estatal (la raza o la revolución proletaria, por caso).

Pero la historia tiene razones que la ideología desconoce: las sociedades tendieron a la heterogeneidad creciente, se hicieron más complejas, plurales y diversificadas.

Algunos politólogos hablan del tránsito de la sociedad cerrada, organizada y estructurada tribalmente, con un líder en el centro que controlaba las palancas del poder, a una sociedad abierta con ciudadanos empoderados intelectualmente, sin tutelaje ideológico, dispuestos a ejercer la crítica política de los gobiernos y de los poderes de facto de cualquier índole.

Así como a las sociedades homogéneas les corresponde un régimen político acorde (monarquía, tiranía o dictadura) las sociedades abiertas y plurales necesitan de un sistema que resuelva, justamente, las diferencias entre los individuos y los grupos.

Al mutar la estructura social mutan las relaciones de poder, al cambiar la sociología cambia el ejercicio de la política. La gobernanza, por tanto, se complejiza: pasa de un modo concentrado a un modo descentralizado.

En el campo político, pluralismo significa la concurrencia de diversas ideologías en la vida pública de un país. La factibilidad de opiniones distintas o encontradas y de un amplio espectro de soluciones para los problemas de interés público es uno de los elementos básicos del sistema.

Los regímenes totalitarios, por el contrario, en los que se eliminan los partidos como portadores de una opinión política, o se establecen sistemas de “partido único” que monopolizan la acción política de la sociedad, o se coartan las posibilidades de libre expresión de los ciudadanos, son incompatibles con el pluralismo.

El pluralismo entraña la concurrencia de opiniones y acciones de diversa orientación ideológica en la marcha del Estado. De esta manera hace posible la creación de alternativas que generan la posibilidad de la alternancia en el poder político.

 

© El Día de Gualeguaychú

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Publicado por en 11/05/2018 en Uncategorized

 

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Guerra comercial: la demografía cuenta

La cuestión de la demografía pesa cada vez más en la puja por el poder de los mercados mundiales, que hoy se refleja en las tirantes relaciones entre Estados Unidos y China.

El mundo actual está dominado por las naciones que son gigantes demográficos o por espacios económicos que unen a varios países-mercados. Desde este punto de vista la población tiene un valor estratégico.

China, llamado el “gigante asiático”, es un rival a temer porque no existe actualmente un país con pretensiones hegemónicas cuya economía no dependa estrechamente de su magnitud demográfica.

El dato es que con sus casi 1.400 millones de habitantes, supera la población de Estado Unidos, la Unión Europea, Gran Bretaña, Rusia, Brasil y México, sumados. La poderosa clase media china en ascenso, calculada hoy en más de 600 millones de personas, es un verdadero imán comercial global.

Con niveles de ingresos comparables a los norteamericanos (US$35.000/US$ 45.000 anuales), experimenta hoy un boom de consumo superior al de Estados Unidos.

Eso explica por qué todos los países y las empresas hacen actualmente un frenético esfuerzo por ingresar al gigantesco mercado interno chino. El mercado minorista en línea del país asiático es el más grande del mundo, con un tamaño un 80% mayor que el de Estados Unidos.

Gracias a Internet, a las empresas de fuera del país les resulta cada vez más fácil llegar a este segmento de la población. “Si consigues aprovechar el 1% del mercado chino, ya tienes un negocio”, repiten los directivos de las firmas extranjeras.

La magnitud demográfica china sólo puede compararse a la población de India, con sus 1.300 millones de habitantes, cuya clase media interesa a las  multinacionales porque su poder adquisitivo se ha disparado.

Aunque un indio de cada dos vive por debajo del umbral de pobreza, la clase media se ha beneficiado considerablemente del crecimiento económico que se ha producido gracias a las reformas liberales de las décadas de 1990 y 2000.

Según el censo de 2011, 310 millones de indios declaran que tienen un coche o un vehículo de dos ruedas, siete veces más que en 1991. En este contexto, numerosos grupos extranjeros invierten en bienes de consumo, en concreto en el sector automovilístico y farmacéutico y en el de las telecomunicaciones.

Estos tres sectores atrajeron inversiones extranjeras por valor de 4.600 millones de dólares en el ejercicio 2015-2016. En la Bolsa de Bombay cotizan empresas que se encuentran entre las 50 más capitalizadas del mundo.

Según nuevos datos de Naciones Unidas (ONU), en 2022 la India tendrá más población que China: pasará a tener 1.523 millones de habitantes. Hay proyecciones que indican que este país –de gran heterogeneidad étnica y religiosa- será la segunda economía más grande del mundo, superando a Estados Unidos, en apenas dos décadas

Un informe recién publicado por la consultora internacional PwC indica que el PIB indio crecerá ininterrumpidamente en las próximas décadas, a un promedio anual del 4,9%, lo que llevaría a que India pase de representar hoy el 7% de la economía mundial, al 15% en 2050.

Según el informe, el enorme crecimiento poblacional de India proporcionará, por sí mismo, un aumento importante de la economía. En 2040, en poco más de dos décadas, la población habrá aumentado a 1.600 millones de personas.

Este descomunal mercado de consumidores inevitablemente llevará a una economía más grande, según las proyecciones contenidas en el informe de PwC.

 

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 28/04/2018 en Uncategorized

 

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El Siglo XXI obliga a pensar todo de nuevo

Lo que somos y cómo nos relacionamos está mutando a una velocidad que ha vuelto obsoletos los esquemas de pensamiento. Un mundo en ebullición donde todo aparenta ser transitorio e inaprensible.

El problema es que el siglo XXI se presenta desconcertante, sus nuevas realidades desafían lo pensado hasta aquí, convirtiendo en obsoletas las ideas recibidas, todo lo cual sugiere una crisis del conocimiento.

“El poder ya no es lo que era. Se volvió más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho más fácil de perder”, teoriza el académico Moises Naím, para quien se está instalando en todo el mundo un paradigma político donde el poder es cada vez más líquido y fugaz.

Pero en este terreno, según Naím, a contracorriente de los cambios sociológicos, abundan los retrógrados que siguen aferrados a fórmulas del pasado. Tendencia que denomina la “necrofilia política o ideológica”.

Se trata, dice, de “un amor apasionado por las ideas muertas, ideas que han sido probadas una y otra vez y no funcionan, siempre dan malos resultados”.

Una fórmula disonante en el plano político, por ejemplo, sería recrear hoy un partido de masas de cuño fascista, donde una masa disciplinada entrega su libertad a un líder carismático y autoritario.

¿Cómo se compagina esta construcción típica de la primera parte del siglo XX con la nueva sociedad horizontal e interconectada del siglo XXI, donde según el tecnólogo español David de Ugarte ya no “cabe aproximarse desde la lógica de la conquista, la explotación o la ocupación”?

Esto del líder encumbrado que mantiene desde arriba una relación de poder con la masa indiferenciada que lo mira extasiada desde abajo, imagen típica de los autoritarismos del siglo XX, colisiona con la trama cultural que tejen internet y las redes sociales.

Según Ugarte el mundo de los certeros conquistadores del pasado deja paso a un futuro de “cartógrafos de lo movedizo”, donde una nueva individualidad empoderada tecnológicamente no se deja conducir como un rebaño.

El escritor y futurista estadounidense  Alvin Toffler habla por su parte de que el siglo atraviesa la Tercera Ola, época de personalización, descentralización y desmasificación. Y donde la soledad se ha convertido en una cuestión antropológica crucial.

La llamada tercera ola implica “una auténtica revolución global, un salto cuántico de la Historia” que está cambiando todas las estructuras sociales, económicas y educacionales.

Toffler dijo hace poco tiempo que los políticos “no tienen ni la más remota idea” de cómo responder a los nuevos desafíos de la tercera ola. “Lo que tenemos son sistemas políticos obsoletos que no saben cómo actuar en la sociedad de la información, una sociedad que sufre un creciente malestar y altos niveles de imprevisibilidad”.

Por su parte, el filósofo italiano Luciano Floridi acuño el término “infoesfera” (información + esfera), para explicar que “así como un pez no puede conceptualizar el agua o las aves, el aire, el hombre apenas entiende su infoesfera”, una envolvente ambiente dominado por la información.

Floridi trabaja en el Instituto de Internet de la Universidad de Oxford, y escribió un libro llamado “La 4ª revolución: cómo la infoesfera está remodelando la realidad humana”.

La cuestión fundamental que se plantea el libro de Floridi es: ¿qué estamos haciendo con todo este poder de computadores personales y corporativas? Y ¿qué nos está haciendo?

 

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Publicado por en 13/04/2018 en Uncategorized

 

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El mundo al revés en el escenario global

Nadie lo vio venir, ni desde la izquierda ni desde la derecha, ¿quién imaginó, veinte años atrás, que los enemigos de la globalización saldrían de los llamados países centrales?

El mito anticapitalista que los intelectuales, sobre todo progresistas, echaron a rodar en los ‘90, según el cual la globalización era una trampa de Estados Unidos y de Europa para someter a los países pobres, se ha caído a pedazos.

En efecto, resulta que la “maldita” globalización, al cabo de las últimas décadas, ha producido una metamorfosis impensada: la riqueza migró hacia los países “subdesarrollados”, causando un efecto pobreza en los “desarrollados”.

El dato duro es que ahora mismo el 50% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial corresponde a países que hasta hace poco lidiaban con la pobreza estructural, como China, India, Brasil, México o Indonesia.

Paralelamente los ciudadanos europeos y los norteamericanos han llegado a la conclusión que con la globalización han perdido los trabajos, y descargan su rabia votando a propuestas políticas xenófobas y antiglobalización.

Nuestra generación parece ser un testigo privilegiado de acontecimientos globales trascendentes. Vio caer hace 20 años el Muro de Berlín, es decir la derrota del bloque comunista y el fin de la llamada Guerra Fría.

Y ahora asiste a otra mutación si se quiere impensada: la República Popular China fundada por Mao Tse-Tung, propulsor de la “Revolución Cultural Proletaria”, disputa palmo a palmo la supremacía capitalista con Estados Unidos.

No sólo eso.  Mientras en Estados Unidos, el hogar del capitalismo, el presidente Donald Trump despotrica contra el libre comercio, la China comunista lo defiende en los foros internacionales.

No hace mucho en Davos, el sitio de reunión por excelencia de la elite capitalista pro globalización, quien hizo una defensa apasionada del librecambismo y la globalización fue el líder chino Xi Jinping.

“Algunos culpan a la globalización por el caos en nuestro mundo, pero nuestros problemas no son causados por la globalización”, dijo el líder chino.

“No habrá ganadores en una guerra comercial. Seguir el proteccionismo es como encerrarse uno mismo en un salón oscuro: puede que evite el viento y la lluvia, pero también se quedarán afuera la luz y el aire”, señaló Xi Jinping.

¿Quién hubiera imaginado que el líder del gigante comunista tendría a su cargo la defensa a ultranza del credo de Adam Smith o David Ricardo, los padres del liberalismo económico?

¡¿Y qué diría si viviera Carlos Marx, el padre del comunismo, de este giro extraño que está tomando el siglo XXI, en que parece que los sujetos históricos se han travestido?!

Nuevo y extraño mundo éste en que China, irónicamente, aparece como el último gran defensor del sistema globalizado que por tanto tiempo tuvo en Estados Unidos a su más ferviente promotor.

Lo que nadie vio venir es que los grandes perdedores de la globalización poscomunista fueron sus promotores en Occidente, esto es Estados Unidos y Europa, cuyas empresas dirigieron sus inversiones sobre todo a Asia (proceso que se conoce como “deslocalización”).

Los analistas internacionales están perplejos por el giro que ha tomado la realidad política mundial. Resulta que el gobierno norteamericano busca dinamitar la globalización, desconociendo tratados comerciales con distintas naciones, y acaba de levantar barreras comerciales contra las importaciones de China y otros países.

Los más agoreros dicen de que estamos en la puerta de un regreso temible: la guerra comercial a gran escala.

 

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Publicado por en 08/04/2018 en Uncategorized

 

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El hermano feo de la globalización económica

La decisión del presidente Donald Trump de imponer un arancel global a las importaciones de acero y aluminio, sugiere que Estados Unidos está dispuesto a patear el tablero de la globalización, planteando una nueva guerra comercial.

La imposición de barreras arancelarias a los bienes importados del extranjero es uno de los principales métodos del proteccionismo, que aunque es tan viejo como el comercio, es considerado el hermano feo de la globalización en el siglo XXI.

Al menos así lo ven los defensores de los mercados abiertos y el libre comercio, para quienes Trump pretende hacer trastabillar la actual lógica de interdependencia e integración del comercio.

Invocando argumentos nacionalistas como la seguridad nacional y la revitalización de la industria propia, Trump anunció que instaurará un arancel del 25% al acero y del 10% al aluminio que importa desde China, Europa, Canadá y México entre otros países.

“Nuestras industrias del acero y del aluminio se han visto diezmadas por décadas de comercio injusto y malas políticas con países por todo el mundo”, afirmó el presidente norteamericano en su cuenta en las redes sociales.

Se cree que este tipo de dardos proteccionistas tiene como blanco principal a China, ya que el gigante asiático es el mayor responsable del abultado déficit comercial estadounidense.

Trump ha dicho que se propone cerrar la brecha comercial entre ambos países que hoy supera la friolera de 375.000 millones de dólares. Como era lógico de esperar, la diplomacia china amenazó con adoptar medidas de represalia.

En teoría, China podría perder más que Estados Unidos en una posible guerra comercial por el hecho de que es quien registra el superávit. Sin embargo, algunos analistas recuerdan que Estados Unidos tiene muy pocos destinos adonde ir si quiere dejar de comprarle a China, porque el gigante asiático es el mayor proveedor mundial de varios de los productos que adquiere el mercado norteamericano.

Pekín, en cambio, encontraría fácilmente mercados en otras partes del mundo para abastecerse de soja, aviones y automóviles, los tres productos que más importa desde Estados Unidos.

A todo esto, la Unión Europea, segunda exportadora del acero que se consume en Estados Unidos, anunció que estaba dispuesta a imponer medidas similares sobre productos norteamericano como las motocicletas Harley-Davidson, el bourbon, la mantequilla de maní y los pantalones Levi’s.

Una guerra comercial comienza cuando un país toma acciones para restringir la entrada de uno o varios productos de importación de otra nación o de un grupo de naciones determinado.

Puede ir desde subir los aranceles hasta la prohibición de la importación de un producto. Como consecuencia, las naciones afectadas adoptan regulaciones similares que, posiblemente, provoquen medidas por parte del primer país.

De esta manera se suele caer en la espiral proteccionista, una política consistente en “empobrecer al vecino”, algo que en el escenario internacional es visto como un juego en el que domina la lógica de la beligerancia y donde gana el más fuerte.

El proteccionismo promueve la hostilidad de las naciones y por eso su filosofía estuvo detrás de las dos grandes guerras mundiales en el siglo XX. Pese a esta lección de la historia, el presidente de la principal economía del mundo ha escrito en su cuenta de Twitter que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”

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Publicado por en 28/03/2018 en Uncategorized

 

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Mundo emergente, nuevo hogar de la clase media

Las clases medias han estado históricamente identificadas con Estados Unidos y Europa, el llamado mundo desarrollado. Pero desde hace cuatro décadas esta franja de la población crece fuerte en Asia y en América Latina.

Corría 1981 cuando los países del llamado Tercer Mundo fueron rebautizados “emergentes”, como lo refirió en una conferencia el economista del Banco Mundial (BM) Antoine van Agtmael

Así se veía a las economías que, desde la periferia y desde niveles mucho más bajos de renta, empezaban a competir con el llamado Primer Mundo. Por entonces se sabía poco del giro que estaba por tomar la economía mundial.

Los líderes de los países centrales, que alentaron la globalización tras la caída del Muro de Berlín, nunca imaginaron que como efecto de ese proceso el capital se habría de “deslocalizar” en Asia y en América Latina.

En efecto, a partir sobre todo de los ‘90 la economía global se caracteriza por el traslado de gran parte de la base industrial de los países avanzados a los países en desarrollo, donde se encuentran las fuentes baratas de mano de obra.

La Real Academia Española (RAE) define “deslocalizar” como la acción de “trasladar una producción industrial de una región a otra o de un país a otro, normalmente buscando menores costes empresariales”.

Aquí radica la gran transformación del sistema económico mundial en las últimas décadas: el traslado masivo de industrias líderes desde los países centrales hacia los periféricos, en su afán de reducir gastos.

De ahí que en la actualidad los emergentes suman el 60% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, 20 puntos más que hace dos décadas, y reclaman su lugar en los principales foros de toma de decisión del planeta.

Además, el 80% del crecimiento de la economía mundial depende de lo que haga este ramillete de países, más del doble que a finales de la década del ‘90, y mucho tendrían que cambiar las cosas para que en 30 años seis de las siete mayores economías del globo no sean emergentes, según la consultora PwC.

Consecuencia directa de este mutación es que mientras las clases medias en Estados Unidos, Europa y otras naciones de mayores ingresos han visto declinar su estándar de vida, cada vez más chinos, indios, rusos y latinoamericanos han mejorado sustancialmente sus ingresos lo que les permite tener medicinas, casa, coche, televisión, teléfonos inteligentes y algo de ahorro.

El ‘boom’ de la clase media en los países emergentes ha sido la gran novedad sociológica de la globalización capitalista, según refieren los expertos, como es el caso del economista Homi Kharas.

Sus cálculos indican que hoy, 3.200 millones de personas forman parte de la clase media global, es decir, el 42 % de la población total. Se definen como clase media a personas con ingresos de entre 11 y 110 dólares al día.

La clase media ha venido creciendo rápidamente, pero a diferentes ritmos. Mientras que en Estados Unidos, Europa y Japón crece anualmente el 0,5%, en China e India aumenta 6% cada año.

La clase media está creciendo en todas partes en el mundo en desarrollo, pero los números son por lejos más grandes en Asia.

El 88% de los próximos 1.000 millones de integrantes de la clase media mundial, vaticina Kharas, estarán en ese continente: 380 millones en India, 350 millones en China y 210 millones en otros países asiáticos. Así, para 2030, los asiáticos podrían representar dos tercios de la población mundial de este segmento.

 

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Publicado por en 21/03/2018 en Uncategorized

 

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Conocimiento, rubro exportador en alza

Con la apertura al mundo, una forma de exportación no tradicional de alto valor agregado, vinculada al talento argentino, pegó un salto. Se trata de los Servicios Basados en el Conocimiento (SBC).

El sector está integrado principalmente por servicios contables, legales, arquitectura, ingeniería, audiovisual, informática, investigación y desarrollo, consultoría y servicios empresariales.

Con 6.027 millones de dólares anuales, los SBC son el tercer complejo exportador de la Argentina después del oleaginoso y del cerealero. En octubre pasado este rubro aumentó 35% frente al mismo mes de 2016.

Este volumen de exportación permitió generar una balanza positiva frente a sus importaciones. Se trata de un superávit de alrededor de 37%, convirtiendo a la Argentina en el segundo país de la región en generar ingresos netos, detrás de Brasil.

Según cifra oficiales, las empresas privadas de SBC emplearon en el tercer trimestre de 2016 a casi 416.000 asalariados registrados. Eso representa el 6,4% del empleo privado registrado total.

Considerando también a los trabajadores independientes, los asalariados no registrados y los empresarios, se calcula que aproximadamente un millón de personas trabajan en el sector de SBC en Argentina

En el primer semestre del 2017 los SBC crearon 6.500 nuevos empleos -la remuneración bruta promedio rondó los $35.000 mensuales y creció 5% más que la inflación-, 27% más que en el mismo período de 2016.

De acuerdo con la segunda encuesta de clusters y polos SBC de la Subsecretaría de Servicios Tecnológicos y Productivos, hay 30 entidades que representan a más de 1.200 empresas y emprendedores, y nuclean a casi 38.000 personas.

Estos polos reúnen principalmente a empresas que desarrollan actividades ligadas a la informática y los servicios audiovisuales, destacándose producción de software original, aplicaciones móviles, servicios de software para terceros, aplicaciones web y consultoría y capacitación.

Argencon es la entidad que promueve la exportación de Servicios Basados en el Conocimiento (SBC). Según su presidente, Roberto Álvarez Roldán, el sector “podría crear 150.000 nuevos puestos de trabajo en los próximos 10 años, generando 10.000 millones de dólares a la economía Argentina en forma directa”.

“Para alcanzar este objetivo es necesario un plan de trabajo entre sector Público y Privado con continuidad en el tiempo mantenimiento condiciones económicas. Debemos dotar de condiciones competitivas sistémicas y trabajar fuertemente en la formación de talentos y el posicionamiento de Argentina en el exterior. Desde Argencon estamos comprometidos con esta visión y hacía allí están dirigidas nuestras acciones”, concluyó Álvarez Roldán.

Por su parte Carlos Pallotti, CEO de Argencon destacó: “Estamos frente al gran desafío de consolidarnos como un país central para producir SBC para el mercado global. Contamos con tres valores fundamentales: profesionales altamente calificados, cultura amigable e infraestructura adecuada”.

Los SBC son una clase de exportación que no pasa por la Aduana, ya que cruza las fronteras geográficas a través del mundo digital, en la forma de un plano de ingeniería, un libro contable cuyos resultados finales terminarán publicándose en la página web del organismo regulador bursátil norteamericano o la edición de una serie televisiva.

Las ventas externas de SBC representan un sector dinámico de la economía nacional, asociado al talento argentino, de gran proyección hacia el futuro.

 

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Publicado por en 17/03/2018 en Uncategorized

 

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