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Archivos Mensuales: marzo 2011

La deriva autoritaria y el miedo a la libertad

Hay razones para suponer que los estallidos populares árabes podrían estar marcando el fin los regímenes dictatoriales. A la vez, el intento de vetar la visita del escritor peruano Mario Vargas Llosa revela la pervivencia de la mentalidad autocrática en estas pampas.
El batallón de intelectuales K, encabezado por el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González y el filósofo oficial, José Pablo Feinmann, no logró impedir que la Feria del Libro sea abierta por el Premio Nobel de Literatura, porque el papelón internacional hubiera sido mayúsculo.
La escritora española Rosa Montero, al respecto escribió: “No me cabe en la cabeza que un país tan sofisticado intelectualmente como Argentina, al que siempre admiré tanto culturalmente y que fue durante muchos años un modelo de modernidad y de cosmopolitismo para los españoles, esté ofreciendo un ejemplo semejante de intolerancia provinciana y retrógrada”.
Un intelectual, por definición, es alguien ajeno al poder en la medida en que con sus ideas trata de interpretar de un modo crítico qué es lo que pasa en su época, en la sociedad pero también en el gobierno.
Cuando cambia de vereda, y pasa a colaborar con un grupo que ocupa posiciones de poder, ese intelectual deviene en agente de propaganda del régimen, o en su inquisidor de turno.
El escritor mexicano Octavio Paz, también Premio Nobel de Literatura, cree que la falta de espíritu crítico y la adhesión al pensamiento uniforme (que no deja lugar para los réprobos) es un mal latinoamericano.
Ya en 1969, escribió: “Nosotros todavía no aprendemos a pensar con verdadera libertad. No es una falla intelectual sino moral: el valor de un espíritu, decía Nieztsche, se mide por su capacidad para soportar la verdad. Una de las razonas de nuestra incapacidad para la democracia es nuestra correlativa incapacidad crítica”.
El ejercicio del poder que implique mando unilateral, sumisión colectiva, e intolerancia hacia el que piensa distinto, características de un régimen autocrático, tiene una larga tradición en América Latina.
El autoritarismo no es patrimonio de ninguna ideología política determinada y puede estar presente en las de distinto signo, ya sean de izquierda o de derecha.
El dictador Muammar Kadafi, de hecho, se define de izquierda. Basta leer sus declaraciones para darse cuenta que se está frente a un autócrata. “Quien no me quiere, no merece vivir” o “soy el que trajo la gloria a los libios”, ha dicho.
¿Hay en marcha una revolución democrática en el mundo árabe, que busca poner de pie ciudadanos en lugar de súbditos? Mientras la historia contestará este interrogante dramático, vale detenerse en el experimento autocrático.
La ciencia política lo ha conceptualizado como sistema. Véase el caso del fascismo en Italia o en el nazismo en Alemania, donde hubo una aceptación del autoritarismo por quienes obedecen.
En este caso existe una personalidad colectiva proclive a la sumisión espontánea. Fue Erich Fromm, en su célebre libro “El miedo a la libertad” (1947), quien captó la dialéctica psico-social de estos regímenes.
Sostiene que hay una “simbiosis” entre el poder sádico del líder, afectado por el impulso irracional de dominación ilimitada de los demás, y el anhelo de sumisión masoquista del pueblo a un poder exterior omnipotente.
En el fondo, dice Fromm, todo es un mecanismo de evasión de la libertad. El impulso de sumisión del gobernado supone el abandono de la independencia del yo individual para fundirse en alguien (líder), único protector y pensante.
Ése es el significado psicológico de los regímenes autocráticos: el individuo busca alguien a quien encadenar su yo, porque no puede soportar su propia libre personalidad. Por tanto se fuerza por librarse de ella, echándose a los brazos del autócrata.
Es el miedo a la libertad hecho sistema.

© El Día de Gualeguaychú

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Publicado por en 21/03/2011 en Uncategorized

 

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El legado federal de Francisco Ramírez

Arquetipo de la “entrerrianía”, oponente férreo a la arrogancia centralista, campeón del federalismo, Francisco ‘Pancho’ Ramírez fijó para siempre el ideario de Entre Ríos.
No por casualidad ha sido bautizado el “Supremo Entrerriano”. En torno a su liderazgo, cuando la Patria estaba aún en pañales, este suelo adquirió conciencia política.
Y Entre Ríos emergió, en los comienzos del proceso revolucionario, como un grito de rebeldía frente al poder centralista porteño, que quiso someter bajo su yugo al interior del país.
Ramírez fue el insumiso gaucho que, junto a los paisanos de su patria chica entrerriana, enarboló los derechos de esta provincia. Por eso se propuso, junto a otros líderes federales, reestablecer la igualdad civil entre los pueblos aplastando la soberbia porteña.
Quizá nada define con más claridad al caudillo que aquel “Naides es más que naides”, inscripto en su sello personal cuando fundó la República de Entre Ríos, en noviembre de 1820.
Entre 1810 y 1820, el poder porteño pretendió imponer diversos gobiernos a los pueblos del antiguo virreinato, asentado en el control del puerto y la aduana.
Con su lema, Ramírez mandaba un claro mensaje: el pueblo que él representaba no podía tolerar la prepotencia ni la arrogancia de otros. Por eso él, un diestro militar, y su implacable caballería entrerriana –que heredaría luego Urquiza- fueron rivales de peso frente al avance porteño.
El adalid del federalismo nació en Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), el 13 de marzo de 1786. Sus padres Juan Gregorio Ramírez y Tadea Jordán, le llamaron José Francisco.
“Su nacimiento fue humilde, su infancia la del hijo de nuestras campañas: libre y espontánea”, recuerda Olegario Víctor Andrade. Producida la Revolución de Mayo, actuó en la costa del Uruguay defendiendo la zona de la reacción española.
Fue lugarteniente de José Artigas, el Protector de los Pueblos Libres, cuyo ideario federal compartió, hasta que en 1820 rompe con el líder de la banda oriental, y entra en guerra con él.
La trayectoria político-militar de Ramírez se centra en la lucha que emprendió, junto al santafecino Estanislao López, contra el Directorio, con sede en Buenos Aires, cuya caída provoca tras la batalla de Cepeda, en que los federales triunfan sobre los porteños.
Los planes del Directorio eran ominosos. La burguesía comercial porteña, que había reemplazado como nueva metrópoli al poder virreinal, haciendo del interior del país su propia colonia, quería imponer una Constitución unitaria y además hacía tratativas para sujetar estos territorios a una monarquía europea.
Cuando el interior se enteró de estos planes, rugió de indignación. Los intérpretes del hartazgo de las provincias ante las maquinaciones porteñas, fueron Ramírez y López, quienes decidieron avanzar militarmente sobre Buenos Aires.
El mando de las tropas fue confiado a Ramírez, quien en contados minutos se impuso a las fuerzas directoriales en la Cañada de Cepeda, el 1° de febrero de 1820. Esta victoria aventó tanto la Constitución unitaria como los conatos de implantar una nueva monarquía bajo tutela extranjera.
Es sabido que nuestra organización federal no ha podido realizarse cabalmente desde el nacimiento mismo de la Patria. Así como ayer la burguesía porteña buscaba pretextos para concentrar las suculentas rentas de la aduana y de los derechos portuario, hoy tenemos un centralismo que se declara federal y que crece munido de una cuantía de rentas fiscal expropiada a las provincias.
El legado de Ramírez es un mandato para los entrerrianos que no se resignan al statu quo unitario.

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 21/03/2011 en Uncategorized

 

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Los daños colaterales del entorno mediático

Es una conquista que una sociedad, frente a los regímenes totalitarios monocordes, esté abierta a la circulación sin censura de la información. Pero eso no garantiza per se que el ciudadano sea más sabio ni dueño de sí.
Se podría trazar un paralelismo valorativo con los sistemas de gobierno. A la hora de juzgar las desventajas y los vicios de unos y otros, se deduce que la democracia es la alternativa menos mala y por tanto la deseable.
Eso quiere decir que elegir gobernantes con un concurso de popularidad es preferible a, por ejemplo, un sistema que postule que el poder es hereditario y vitalicio, aunque eso no significa que la democracia sea perfecta en sí misma.
En Argentina, por caso, se votan los gobernantes pero eso no elimina el hecho de que un grupo político se pueda hacer del poder mediante las elecciones, para utilizar los resortes del Estado a su favor e imponer un sistema de eliminación simbólica de la crítica y de la oposición.
Por otra parte, existe la manipulación de las campañas electorales, una de cuyas lacras es la utilización del aparato del Estado y los dineros públicos para torcer la voluntad de los votantes.
Con el sistema mediático es igual: es preferible un sistema múltiple y plural a un concentrado de pensamiento único. La circulación libre de los datos y las noticias es condición “necesaria” para que el ciudadano esté informado. Sin embargo, no es condición “suficiente” para que haya una mejor ciudadanía.
En las sociedades occidentales abiertas, el entorno se ha convertido en un río de noticias, pero al mismo tiempo, esa cantidad y universalidad no garantiza que el receptor de los mensajes sepa captar lo que fluye bajo ese río.
Hay quienes advierten sobre los “daños colaterales” del aluvión informativo. Las bulimia de consumo de sucesos y acontecimientos, en un punto paraliza la capacidad reflexiva del informado, incapacitándolo así para hacer una síntesis de lo que recibe.
Hace poco el intelectual argentino Guillermo Jaim Etcheverry, en un interesante artículo, propugnó hacer un “ayuno informativo”, una dieta necesaria, al parangonar el sistema cognitivo de las personas con su sistema digestivo.
Así como el cuerpo se puede indigestar por exceso de comida, o alimentos de mala calidad, la mente de cada uno de nosotros puede, análogamente, pagar un alto precio por la absorción adictiva y acrítica de datos.
Etcheverry cita al respecto a David Meyer, profesor de psicología de la Universidad de Michigan, para quien “nos enfrentamos a una plaga cognitiva capaz de anular la capacidad de concentración y el pensamiento productivo de una generación entera”.
El deseo de estar informado sobre lo que sucede puede jugarnos en contra. “Perdemos la capacidad de concentración y sacrificamos así la posibilidad de plantearnos los eternos dilemas humanos, ahogados como estamos en la información a la que, cada día más, nos cuesta encontrarle un sentido”, completa Etcheverry.
Los estudiosos de la comunicación, en tanto, hablan de la “disfunción narcotizante” de los medios, al evaluar el efecto deprimente que tiene sobre el público la exposición a grandes cantidades de información.
Uno de esos efectos es la escasa participación ciudadana. “El ciudadano interesado e informado puede sentirse satisfecho por todo lo que sabe, sin darse cuenta de que se abstiene de decidir y de actuar”, sostienen Paul Lazarsfeld y Robert Merton.
Podría ser “que la expansión de la comunicación de masas estuviese apartando las energías humanas de la participación activa para transformarla en conocimiento pasivo”, dicen los autores.

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 21/03/2011 en Uncategorized

 

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El país al revés del que no habla la política

El 80% de la población argentina vive en el 1% del territorio. La Matanza, un municipio bonaerense, tiene más habitantes que Entre Ríos. Esta irracional concentración no forma parte de la agenda dirigencial.
A la élite criolla parece no sugerirle nada los datos del último censo de población. Acaso porque su apetencia por el poder (y su vocación por reelecciones indefinidas) no la deja ver más allá de sus narices.
Se ha revelado obtusa frente a los problemas demográficos de Argentina. Se diría que a los políticos no les importa el rediseño territorial, el poblamiento inteligente del espacio geográfico.
El conurbano nunca fue un drama para nuestra dirigencia. Al contrario, hay razones para suponer que todo forma parte de un plan deliberado con fines de dominación.
El conurbano tiene 7.000 kilómetros cuadrados (0,25% del territorio nacional) y en él habita el 35% de la población, gran parte de la cual vive en situación de pobreza.
Esta concentración territorial, ¿es alentada y querida por el poder? Un dato puede esclarecer el punto: ese territorio empezó a cotizar políticamente, a partir de la reforma constitucional de 1994, cuando se consagró que la elección presidencial se hace de manera directa.
El peso del conurbano, por tanto, se convierte en algo sustancial. No hay la más mínima posibilidad de ser presidente si no se hace una buena elección en ese territorio.
Por lo tanto, las promesas se concentran en este lugar. Aquí va dirigido todo el aparato clientelístico del Estado. Porque es en este territorio donde se juega el poder.
Hay miserabilidad e hipocresía en la disputa pública de estos días en torno a la inseguridad. Y esto porque se habla de atacarla dentro de un modelo social inviable, omitiendo que la expansión del delito es efecto directo de ese conglomerado contra natura.
De aquí emerge La Matanza, habitada por 1.772.130 personas. Esto es más que la población que tienen la mayoría de las provincias argentinas, salvo Córdoba y Santa Fe.
La Matanza tiene más habitantes que: Tucumán (1.448.200), Entre Ríos (1.236.300), Salta (1.215.207), Misiones (1.097.829), Chaco (1.053.466) y Corrientes (896.461), entre otras.
Se entiende, entonces, por qué los intendentes, mejor llamados “mini gobernadores” de la provincia de Buenos Aires, tienen tanto o más poder que toda la clase política argentina.
Que alrededor de 30 millones de personas se concentren en una superficie menor al 1 % del territorio nacional, lo que equivale a la provincia de Tucumán (unos 22.500 km²), revela el fracaso de la política.
En lugar de conquistar y unir un territorio de grandes dimensiones, y poblarlo en cantidades equitativas, produciendo una distribución pareja de la población y la riqueza, la élite dirigente ha alimentado la macrocefalia.
Está demás decir que esta concentración poblacional es producto de la matriz unitaria que ha configurado al país por décadas. “Argentina sigue siendo un país mal unido y consolidó una suerte de ‘confederación de feudos’, más abocados a la tarea de conservar el poder que a la de consensuar fórmulas de cooperación que garanticen la integración y la equidad territorial para los habitantes” (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2002)
La generación de riqueza que se obtiene con la explotación de los recursos naturales y humanos del interior, es acaparada en su mayoría por el Estado nacional, que la distribuye luego en función de cálculos políticos.
Lo que resulta paradójico es que mientras el interior del país está despoblado, mientras Argentina es el octavo país en extensión territorial del planeta, con una densidad poblacional bajísima, millones de argentinos no pueden hacerse su casa por no tener acceso a la tierra.
También resulta paradójico que los últimos presidentes de Argentina fueran originarios del interior.

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 13/03/2011 en Uncategorized

 

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La secundaria en el banquillo, ¿qué hacer?

Si terminar el secundario en la Argentina no acredita precisamente conocimiento –y esto lo sabe más que nadie la Universidad- que menos de la mitad de los alumnos no concluya el ciclo, agrava el cuadro de la ignorancia.
El secundario argentino es un sistema reprobado. Quienes egresan de él se muestran incapaces para resolver problemas sencillos de matemáticas.
Los estudiantes que concurren a la universidad, en tanto, tienen gravísimos problemas para comprender los textos que deben leer y también para expresarse a través de la escritura.
Se entiende, por tanto, porqué en las competencias internacionales de ciencia los alumnos argentinos tienen un bajísimo nivel. Todas las mediciones reflejan rendimientos mediocres.
Por otro lado, el diploma de la educación secundaria, si en alguna época acreditaba competencia laboral, y abría puertas en el mercado a sus egresados, hoy se revela insuficiente en este plano.
Cuánto aprenden realmente nuestros jóvenes en el secundario es un tópico que se viene debatiendo desde hace tiempo. Pero si el modelo se muestra insolvente en términos de calidad, la deserción es otro problema.
Argentina tiene uno de los índices más bajos en América Latina con relación a la cantidad de estudiantes que egresan del secundario. Sólo el 43% completa el ciclo, según un informe publicado por el Instituto Di Tella.
Esto posiciona al país en uno de los puestos más bajos en América Latina, por debajo de Bolivia, Paraguay y Ecuador. Los mejor ubicados son Perú y Chile, que cuentan con un 70% de estudiantes que completan el ciclo.
¿Qué hacer con la secundaria? Esta es la pregunta que se vienen haciendo en los congresos pedagógicos, mientras que las reformas oficiales se suceden una tras otra, sin que se vean mejoras reales.
Entre las propuestas que existen, el intelectual Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), propone otra organización del secundario argentino, sobre la base del “sistema Maryland” (Estados Unidos).
El nuevo esquema implicaría bajar el número de materias de entre 11 y 18 por semana, como existen en el país, a sólo 7 u 8, con el objeto de profundizar conocimiento.
El planteo acaso da cuenta de aquel axioma de que “el que mucho abarca poco aprieta”. Iaies es de la idea de que se dicten Matemáticas, Lengua, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Informática, Arte y Educación Física.
En el sistema Maryland cada una de estas materias está dividida a su vez en estratos (A, B, C y D), para que los alumnos acudan a clases de acuerdo a su nivel. Pueden cursar una asignatura en nivel A y otra en B.
Pero para que el sistema funcione, explicó Iaies a la prensa, es necesario hacer eje en el docente. “El aula no es de los chicos, es del profesor. Los chicos van siempre a su aula. Ahí hay una ecuación de poder que te dice claramente: ‘aquí hay un señor profesor que es el que sabe y vos vas a su aula a aprender’”.
Con este sistema, según Iaies, se enfrenta el problema del “zapping curricular”, ya que al simplificar la cantidad de materias, se gana en profundidad conocimiento. Y se elimina también el “zapping de profesores”, que van pasando unos tras otro por el aula.
Según el intelectual, la profusión de materias atenta contra el interés de los estudiantes, ya que éstos no terminan de apropiarse de ellas. La asimilación corre pareja con el mayor tiempo dedicado a pocas materias básicas.
En suma, el sistema Maryland no es la única propuesta; hay otras. Una cosa es cierta: algo hay que hacer para salir de la decadencia del secundario.

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 13/03/2011 en Uncategorized

 

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Un trueque de nuevo cuño a través de la web

El intercambio de objetos donde no intermedia el dinero es una práctica que existe desde tiempos antiquísimos. En los nuevos entornos mediáticos se consolida una tendencia de contenido precapitalista.
El artículo de Laura Reina, para La Nación, nos anoticia que de la mano de Internet y las redes sociales ha regresado un trueque motivado menos por el interés económico.
Compartir, intercambiar, dar, son los términos que grafican la experiencia que, tratándose de la Web, es de alcance global. De hecho, lo que subyace a los intercambios no está guiado exclusivamente por el instinto adquisitivo.
“En Facebook, en Twitter, en YouTube compartimos ideas, estados de ánimo, fotos, música, películas, libros. Pero en los últimos tiempos, está tomando fuerza una nueva tendencia, donde se comparten bienes tangibles”, refiere Cecilia Nigro, miembro de The Wow Factor, una consultora especializada en lifestyling.
“Acá el motor es la solidaridad y la sustentabilidad. Porque a través del intercambio reducís los niveles de basura y desperdicios. El consumo desenfrenado, que lleva a acumular cosas ya no está bien visto”, explicó Nigro.
Se trataría, por tanto, de un trueque en el que el objetivo es “bajar el nivel de consumo, alargar la vida útil de las cosas o, en el caso del intercambio de casas, tener una experiencia de viaje distinta”, apuntó por su lado su socia Mariana Rapoport.
Los usuarios no sólo suben a la Web los muebles, electrodomésticos, vestidos, remeras, camisas o zapatos que quieren trocar. También comparten casas para experimentar una nueva manera de viajar y conocer el mundo.
En la página Home Exchange, por ejemplo, las personas se anotan para intercambiar sus casas, en el marco de una experiencia vacacional. “Es un sistema basado en la confianza. Muchos te dejan el auto y las mascotas”, refiere María José Duffy, que incursiona en esta modalidad de prestar la casa.
Otra tendencia es el couch surfing, que es dar alojamiento gratis a un extraño en la casa. “Hace poco recibimos a dos sudafricanas –comentó Duffy.- Ellas querían hacer intercambio de casas con nosotros, pero como no teníamos interés en ir a Sudáfrica, se hospedaron acá. Es muy lindo recibir gente. En este caso no hay un intercambio, es un dar totalmente desinteresado. Este tipo de cosas mejoran el mundo”.
Diego Sáez Gil, un emprendedor argentino que hizo un master en Barcelona, aprovechó esta modalidad para viajar por toda Europa. Más tarde se instaló en Nueva York, donde emprendió junto con dos socios una organización de viajes para jóvenes.
Dicha organización promueve las nuevas tecnologías móviles y sociales, así como la economía del intercambio, para conocer el mundo.
El couch surfing “es una posibilidad muy interesante para viajar por bajo costo, pero además para conocer y compartir con personas locales y establecer vínculos de fraternidad, que rompan las barreras nacionales y culturales”, contó Sáez Gil.
La antropología económica ha descubierto hace tiempo la lógica que regía los intercambios en las sociedades primitivas no occidentales o capitalistas.
La ceremonia del “potlatch”, realizada por ejemplo por los pueblos indios de la costa del Pacífico en el noroeste de Norteamérica, consiste en el intercambio de regalos, donde se refuerzan las relaciones jerárquicas.
El anfitrión muestra su riqueza e importancia regalando sus posesiones, queriendo dar a entender que tiene tantas que puede permitirse hacer tantos regalos. Esto ocasiona que los participantes le correspondan cuando celebran su propio potlatch.
Esto revela que el trueque no siempre ha estado guiado por la lógica del lucro.

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 13/03/2011 en Uncategorized

 

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El sindicalismo que supimos conseguir

El sindicalismo argentino quedó en la picota, tras el proceso de investigación iniciado por la justicia a algunos de sus dirigentes. Pero vale recordar que al igual que nuestros políticos, los gremialistas no vienen de Marte.
José Pedraza, apresado por el crimen de Mariano Ferreyra, posee un semipiso de más de 200 m² valuado en un millón de dólares. La información está sacada de un artículo periodístico del diario Perfil titulado “La vida de los capos sindicales: lujo, confort y causas en la Justicia”.
La nota describe con lujo de detalles cómo muchos jerarcas gremiales exhiben un crecimiento patrimonial asombroso, y cómo llevan un tren de vida similar a los jeques árabes.
Grandes extensiones de campos, yates, inmuebles cuantiosos, jugosas cuentas bancarias, empresas y negocios, autos impactantes, son algunos de los síntomas del gran enriquecimiento de los líderes sindicales en las últimas décadas.
Mucha gente se asombra que exista tamaña impudicia, sobre todo en un estamento que en teoría dice representar a los asalariados. Sin embargo, no se ve, o no se quiere ver, que los sindicalistas representan a sus afiliados.
Hasta donde uno sabe a Pedraza, Juan José Zanola, Armando Cavallieri, Luis Barrionuevo, Jerónimo Venegas, Hugo Moyano, por mencionar a los más conocidos, tienen el poder que tienen porque alguien se los dio.
¿No fueron votados, acaso, por los afiliados de sus respectivos gremios? ¿No son los líderes que los propios trabajadores han encumbrado, y los mantienen en sus cargos durante décadas?
Esto de buscar un “demonio” en otro lado, sobre todo en la dirigencia, es muy propio de una sociedad que nunca se hace cargo de sus actos. Echarle la culpa a otro es un deporte nacional.
Esta creencia deja de lado a la otra cara de la moneda: los integrantes de la sociedad misma que, así, no registran que no son muy diferentes de los acusados.
Esa parte acusadora actúa como si los incriminados fueran seres extraterrestres o provinieran de otra cultura o sociedad. ¿Alguien los “importó” acaso?
La realidad de lo que somos como sociedad en conjunto nos muestra que todos los culpados –en este caso los sindicalistas- se educaron en las mismas escuelas, tuvieron las mismas reglas de convivencia que el resto de la población.
No hay razón alguna que justifique pensar que los representantes que la sociedad argentina elige –sea en el plano político, sindical o empresarial- puedan ser diferentes a los que son los propios argentinos.
Antes de patalear por el enriquecimiento de los caciques sindicales, sería bueno dejar sentado que dichos sindicalistas no nacen de un repollo.
Si el problema es la corrupción, si el sindicalismo es una estructura que sirve para apropiarse de dinero indebidamente, nos preguntamos: ¿no hay una sociedad que lo tolera y convalidad? ¿Qué dicen los afiliados de esos sindicatos?
Y se puede ir más allá: aquellos gremialistas que se han alzado con fortunas personales, que no se condicen con su actividad como representantes de trabajadores, ¿no se han beneficiado acaso con un marco de impunidad política e institucional?
Frente a este razonamiento, cabría interrogarse en realidad cómo es posible que los líderes sindicales argentinos –que son atípicos en Latinoamérica- hayan llegado a ser lo que son.
Somos parte de una sociedad que construye creencias que la llevan a depositar en el afuera las causas de sus carencias. Rápidos en echarles la culpa a los demás, hemos descubierto de pronto que los malos de la película son los gremialistas.
No queremos ver que éste es el sindicalismo que supimos conseguir.

© El Día de Gualeguaychú

 
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Publicado por en 04/03/2011 en Uncategorized

 

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